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Un hogar luminoso y alegre

Un hogar luminoso y alegre

Vamos a ver cómo ponemos nuestro granito de arena para que el hogar cada día sea un remanso de paz, para crear con el cariño un auténtico ambiente de familia y, a partir de que yo misma lo vaya intentando, me atreveré a sugerirles a ustedes algunas “cosillas”. 

En la familia los padres deben ser los primeros educadores de los hijos, sobre todo en la Fe, mediante la palabra y el ejemplo. Y ¡ay! me parece que ahora, en los tiempos que corren, algunos padres, bastantes, se han olvidado de esta tarea. No hay tiempo… todo son prisas… todo es correr, ¿para qué? me pregunto yo.

Hay que ejercitar, en primer lugar, muchas virtudes cristianas. Primero las teologales, Fe, Esperanza y Amor, y, luego, todas las demás: humildad, sinceridad, alegría, prudencia, lealtad, trabajo bien hecho… Y como lo importante es querer, ¡lo vamos a conseguir! Ya desde ahora nos ponemos bajo la protección de la Sagrada Familia, para que vayamos alcanzando con su ayuda que nuestro hogar sea un lugar luminoso y alegre, donde todos encuentren lo necesario para poder vivir en plenitud.

¿Enseñáis a vuestros hijos las oraciones del cristiano? ¿Preparáis a vuestros hijos para los sacramentos de la primera edad? ¿Los lleváis a bautizar pronto, a los pocos días de nacer? Algunos dicen: ¡Cuando sea mayor que elija! Y yo les pregunto: ¿Le has dado a elegir con meses de edad si comer garbanzos o tomar el biberón? ¿Cómo no le dejaste elegir en eso! Pues al alma hay que darle su alimento… igual que al cuerpo. ¡Más aún!, porque va a durar por toda la eternidad. Así que... ¡a la tarea!, no le dejes con anemia desde el principio: el Jesusito de mi vida… luego, el Ave María, y así poco a poco.

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